La reflexión tuvo lugar a partir del relato del texto evangélico del encuentro de Jesús con la samaritana. El pozo de agua, es la punto de llegada y de partida. Lugar del encuentro.
La infatigable búsqueda del ansia humana, que conlleva la concurrencia a los diversos pozos, pozos que ofrecen la posibilidad de abastecer momentaneamente las necesidades humanas. Pero que al final de cuentas se constituyen en interminables idas y venidas sin ningún punto de llegada en cuanto a plenificar la vida se trata.
Jesús se hace presente, pide y se ofrece, pide el agua del esfuerzo humana, y se ofrece como el pozo, la fuente de donde emana las verdaderas fuentes de vida.
El encuentro supune cierta resistencia, cierto discernimiento y esclarecimiento. Al final, reconocimiento, reconocimiento y aceptación y su posterior testimonianza de parte de la samaritana. El auténtico encuentro con Jesús, nos posibilita clarificarnos la vida, orientarla de manera más humana, realmente más cristiana. Nos posibilita una opción y su consecución.


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